A los 34 tuve que empezar a entender que mi mamá no es un ¿cómo te fue hoy? ni un estoy orgullosa de vos. Al principio creí que eso implicaba no ser una mamá, pero, me parece, que estaría siendo injusta. Empecé a entender que ella no es eso porque su mamá tampoco lo fue y que tuvo que aprender a ser una mamá sola.
De modo que me puse a pensar qué hace que mi mamá sea una mamá, qué hace que mi mamá sea mi mamá. Entonces el conocimiento apareció: mi mamá es un montón de pequeñas cosas diferentes a las que yo esperaba encontrar.
Es una ducha abierta a la temperatura justa después de entrenar
Es un plato de comida que siempre es delicioso
Es un pedazo de sandía después de comentar que estaba antojada
Es un mate después de una reunión laboral
Es serpentina en aerosol y un cartel de habemus licenciada para festejar el título pandémico
Es un Mamádonals un domingo a la noche
Es una noche de burako
Es una maratón de El juego del calamar
Es un si querés te llevo, así no manejás
Es quedarse levantada hasta cualquier hora para hacerme compañía con el estudio
Es enseñarme a bordar y a comprar una guitarra cuando necesitaba salir del lugar en el que estaba
Es acompañarme a elegir una bicicleta nueva aunque no entienda del tema
Es una vianda preparada antes de ir a trabajar
Es un pequeño pandulce sin pasas, solo con nueces y almendras
Es una ensaladera gigante repleta de pochoclos dulces-salados
Es una caja llena de pañuelos de la que me regala mi favorito
Es una bolsa de caramelos Cadbury los sábados a la noche a los 5 años
Es un aplauso para la asadora
Es un café caliente bien entrada la noche cuando estás cumpliendo con una corrección
Es un preguntarme qué significa una palabra en inglés
Es un vos siempre podés con todo cuando siento que no puedo con nada
Tal vez no es lo que yo espero o no es la respuesta a la idea que tengo o no es la mamá que quiero, pero, probablemente, sea la mamá que necesito para empezar a entender la hija, la mujer y la persona que soy.

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